Entender cómo funcionas puede cambiar cómo te miras.
Una evaluación para comprender tus dificultades y tus fortalezas, y saber qué hacer a partir de ahí. No para ponerte una etiqueta, sino para entender tu historia completa.
Lo que te pasa puede tener más de una explicación. Por eso no me quedo en si cumples o no los criterios de TEA o TDAH. Miro tu historia, cómo funcionas en el día a día y todo lo que puede estar ocurriendo a la vez.
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No siempre llegamos sabiendo qué nos pasa.
“Desde fuera funciono bien, pero por dentro todo me cuesta muchísimo.”
“Llevo años en terapia, entiendo muchas cosas, pero sigo repitiendo lo mismo.”
“Han diagnosticado a mi hijo y ahora muchas cosas de mí empiezan a tener sentido.”
“Me han dicho ansiedad, depresión, TDAH… y ninguna explicación me encaja del todo.”
Si te reconoces en alguna, lo primero no es ponerle nombre. Es encontrar la pregunta correcta.
Una etiqueta no es una explicación.
Puedes ser autista y haber vivido algo que todavía te pesa. Puedes tener TDAH y una ansiedad que no viene de ahí. Puedes tener altas capacidades y una forma de relacionarte que te hace sufrir.
Un diagnóstico responde a una pregunta. A mí me importa la siguiente: ¿y ahora qué? Por eso no evalúo solo neurodivergencia. Evalúo a la persona: tu historia, tu forma de vincularte, tu cuerpo y lo que se repite en tu vida, hasta que las piezas encajen.
Quizá empezaste intentando entender a tu hijo. O a ti misma, después de años de cansancio.
A veces la pregunta llega después de un diagnóstico infantil. Otras, después de años de agotamiento, despistes, saturación, hiperfoco, dificultad para organizarte o sensación de estar interpretando un papel para poder encajar.
No me interesa acumular tests. Me interesa que las piezas encajen.
Una misma dificultad puede tener explicaciones muy distintas. El agotamiento, la evitación o la dificultad social no significan siempre lo mismo. Por eso uno tres miradas: la neuropsicología, para ver cómo funciona tu cerebro; tu historia, el trauma y el apego, para entender qué es neurodesarrollo y qué es vivido; y el cuerpo (sueño, digestión, energía, inflamación), porque el cerebro no funciona aislado. Si hace falta valoración médica, te derivo.
Hay cosas que un niño todavía no puede contar con palabras.
Pueden aparecer en el juego, en una rabia enorme, en el miedo, en la necesidad de control, en el cuerpo, en el colegio o en una adolescencia que de repente se vuelve difícil de habitar.
Primero una buena pregunta. Después, las herramientas.
No utilizo una batería idéntica para todo el mundo. El proceso se construye a partir de lo que necesitamos aclarar.
Me cuentas qué te pasa
Un cuestionario breve para entender tu situación y orientarte.
Conocemos tu historia
Lo que te ocurre ahora, lo que viviste y lo que ya te han dicho otros profesionales.
Evaluamos o empezamos a trabajar
Solo con las herramientas que de verdad aporten algo.
Devolución
Un mapa claro de lo que vemos y de qué hacer a partir de ahí.
Psicología con una mirada amplia, sin perder el rigor.
Soy Helena, psicóloga sanitaria con máster en neuropsicología clínica y más de quince años de experiencia. Trabajo desde la neuropsicología, el trauma y el apego, la psicoterapia infantil y la PNI clínica.
No uso todo en todos los casos. Lo uso para hacer mejores preguntas y para no quedarme en la primera explicación.
También desarrollo recursos prácticos para ayudar a familias a llevar regulación, ritmos y comprensión del sistema nervioso al día a día.
Ver materiales y recursos →No necesitas saber qué servicio necesitas.
Cuéntame qué te pasa y te oriento hacia lo que tenga más sentido para ti o para tu familia.
